La ermita de San Lázaro

Pablo 23 octubre 2014 0


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La fundación de esta ermita tiene mucho que ver con la relación de los Reyes Católicos y, en especial, de Isabel con la ciudad de Trujillo. Una vez alcanzada la paz en Castilla, los Reyes se dedicaron a gobernar y administrar sus ciudades, así como de colmarlas de conventos y templos religiosos. Fue el caso de Trujillo, que en 1498 comenzaba las obras de esta ermita dedicada a San Lázaro. Se escogieron las afueras de la ciudad puesto que fue ideada, en un principio, para acoger enfermos de peste que necesitaran ayuda.

Durante el paso de los siglos se suceden reformas y abandonos de la ermita. Hasta muy recientemente cuando se ha realizado la última de ellas: la construcción de unos robustos yugos de madera, la mecanización de los volteos, pues hasta ahora eran sólo de bandeo y se accionaban manualmente desde la sacristía, y, la más importante, la reparación de la campana grande, que hoy vuelve a repicar alegremente en Trujillo.

La ermita trujillana posee 2 campanas: la más grande, y ahora reformada, está dedicada al apóstol Santiago. Que, posiblemente, ocupó la  espadaña de la Iglesia de Santiago y fue donada a la ermita cuando aquella quedó sin culto ordinario. En cuanto a la campana pequeña se desconoce su origen, pues no tiene ninguna inscripción.

 

Es un edificio de mampostería con puerta de arco conopial y, aunque no tiene muchas cosas que resaltar en su interior, sí que posee bellos y antiguos lienzos y una imagen del Cristo de la Salud de estilo barroco al que se le profesa mucha devoción.

 

Este paseo hasta la ermita nos ayuda a alejarnos un poco más del centro de la ciudad y disfrutar también del típico paisaje extremeño.